En Fernando de Noronha, el azul no es un color, es una experiencia. Lo fue cuando Américo Vespucio lo escribió en una carta hace más de cinco siglos y lo sigue siendo hoy, aunque el tiempo, los viajeros y las reglas hayan dejado su marca. A 540 kilómetros de Recife, en el Nordeste de Brasil, este archipiélago volcánico parece suspendido entre la promesa del paraíso y la obligación de cuidarlo. Lee También Explora los escenarios... + Leer noticia completa
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