Peatones y ciclistas, en su día

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 03/09/2023
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En cada primer domingo de septiembre se ha establecido que se celebrará el “Día Nacional del Peatón y del Ciclista en defensa de la Madre Tierra”, en aplicación de la Ley 150 promulgada el 11 de junio de 2011.

Se trata del más efectivo, y por ello más importante, de los días del peatón existentes en Bolivia, que son demasiados. Al ser una paralización nacional, el nivel de contaminación causado por la emanación de gases tóxicos disminuye ostensiblemente, como han demostrado las mediciones posteriores.

En función al artículo 7 de la referida norma, las entidades territoriales autónomas debían emitir reglamentaciones, pero, en una aparente competencia pastoril, algunas alcaldías promulgaron leyes municipales fijando, cada una de ellas, otros tres días del peatón cuyos efectos no son tan contundentes como el nacional ya que la paralización de vehículos tiene un efecto evidentemente menor. Por tanto, el efecto deseado, que es el de mitigar la contaminación ambiental, se logra apenas de manera parcial.

No debe perderse nunca de vista que lo que se busca con estas paralizaciones de circulación de vehículos es disminuir los efectos de la quema de combustibles fósiles, algo que ocurre todos los días, segundo a segundo, con los motores de los automóviles. El problema es que el más afectado por estas medidas no resulta siendo el propietario del vehículo contaminador, que se limita a quedarse en casa, sino el peatón que, por uno u otro motivo, necesita salir y, muchas veces, recorrer largas distancias.

Es curioso, si no condenable, que los gobernantes bolivianos intenten poner parches al problema de la contaminación ambiental, que se agrava en gran medida por los vehículos del transporte público. Una consulta a las direcciones de Tráfico y Vialidad de las alcaldías del sur del país será suficiente para confirmar que la mayoría de los buses, microbuses y minibuses que se utilizan para el transporte de pasajeros son de modelos antiguos, con motores y maquinaria que no solo consumen combustibles sino que, además, generan gases tóxicos que podemos observar todos los días en las calles, puesto que son expulsados por caños de escape que están a la vista de todos.

Los vehículos del transporte que no dependen de entidades públicas contaminan el medioambiente y, hasta ahora, no ha aparecido el alcalde que obligue a los choferes a renovar sus equipos. En contrapartida, les permiten seguir trabajando y, consecuentemente, seguir contaminando el medioambiente.

La cuestión trasciende los niveles que estamos acostumbrados a tratar en nuestro medio. Hay un aspecto en el que pocos reparan, quizá, ya habituados al ruido: el de la contaminación auditiva. Además de los bocinazos, que irrumpen en los oídos de los peatones en cada esquina de las ciudades bolivianos y que no tienen consideración alguna, por ejemplo, con los hospitales ni con los asilos, están los ensayos de grupos folclóricos todo el año, por ejemplo, en el Parque Simón Bolívar de Sucre, un tema que en los últimos años viene siendo muy cuestionado por propios y extraños a través de las redes sociales.

Pero el problema de los bocinazos llega a extremos de que conductores de vehículos privados y públicos los emplean en cada esquina, incluso, delante de policías de tránsito, que no ejercen su autoridad para evitarlos. En este caso, las Cebras, como educadoras urbanas, tienen una misión importante que desarrollar para que el ruido innecesario vaya disminuyendo.

Por lo demás, los días del peatón y del ciclista son, en general, interesantes para generar, sobre todo, consciencia en las nuevas generaciones respecto a la preservación del medioambiente. Pero, no resultan muy efectivos en términos de merma de la contaminación, por lo que habrá que considerar los reclamos de quienes se ven perjudicados y quizá reducir la cantidad anual de estas jornadas dominicales.

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