La UE encara 2023 con un pie en la recesión
La economía europea se encamina a una recesión en los primeros meses de 2023 empujada por una inflación galopante, el impacto de unos costes energéticos desorbitados y las subidas de tipos decretadas por el Banco Central Europeo (BCE) para aliviar los precios.
Tras una primera mitad de 2022 mejor de lo esperado por la reactivación tras la pandemia de Covid, el impacto de la guerra rusa contra Ucrania, que ha encarecido aún más la energía y las materias primeras, favoreció en el tercer trimestre un frenazo del PIB que, si bien fue menor del esperado, se agravará hasta llevar a la recesión técnica en el primer trimestre de 2023, según las previsiones de la Comisión Europea.
Más allá de la contracción del 0,1 por ciento del PIB que vaticina Bruselas al inicio de año, el principal reto para el bloque es una inflación que ha alcanzado niveles récord, superando el 10 por ciento en noviembre en la eurozona, afecta ya a toda la cesta de la compra y sólo tiene visos de moderarse a lo largo del próximo ejercicio.
Este escenario ha obligado a los Gobiernos a tomar medidas para amortiguar la pérdida de poder adquisitivo de empresas y hogares, ya sea con bajadas del IVA del gas y la electricidad, ayudas directas para pagar la factura de la luz o la gasolina o líneas de liquidez para algunas empresas, con un costo para las arcas públicas del 1,3 por ciento del PIB en lo que va de año.
Al mismo tiempo, el BCE ha aplicado la subida de tipos más repentina de su historia tras una década en mínimos, llevando el tipo rector al 2,5 por ciento y endureciendo así las condiciones de financiación de bancos, empresas y familias en aras de contener la demanda y, con ello, una inflación que está muy lejos de su objetivo del 2 por ciento.