Tutankamón: cien años de maldición
“Si hay una tumba en Egipto que ha conseguido acaparar todas las miradas, por diversos motivos, desde su descubrimiento, esa no es otra que la KV62: la tumba del faraón Tutankamón”, señala el investigador del pasado Manuel Jesús Segado-Uceda.
Segado-Uceda es licenciado en Historia del Arte, especializado en arqueología y patrimonio histórico, y un activo divulgador de los secretos, leyendas, enigmas y la historia ignorada, tanto de su provincia natal, como del mundo.
Analiza el surgimiento y la evolución de la que quizá sea “la maldición más famosa del mundo” en su libro ‘Tumbas misteriosas’, donde expone una serie de investigaciones sobre los cementerios, sepulcros, epitafios, esculturas y monumentos funerarios, situados en distintos puntos del planeta.
“La cultura del Antiguo Egipto tiene una vinculación y una vertiente mágica muy fuerte relacionada con la muerte”, recalca el investigador.
“Encontramos sortilegios que protegen a los difuntos plasmados sobre las paredes de las ‘mastabas’ (construcciones funerarias), en los intrincados pasillos de las pirámides, y también en el “Libro de los Muertos”, un manuscrito que funcionaba como una especie de guía para el viaje al Más Allá…”, señala.
“También encontramos versos que pueden interpretarse como maldiciones que recaerán en quienes osen profanar las tumbas y el descanso de sus moradores, acerca de lo cual ya hablaba el egiptólogo francés Henri Sottas, en un libro de 1913”, añade.
“En noviembre de 1922 la expedición comandada por el arqueólogo Howard Carter y financiada por Lord Carnarvon, se topó en la necrópolis del Valle de los Reyes, cercana a la ciudad de Luxor, con el primero de los dieciséis escalones horadados en la piedra que conducían hasta la tumba, prácticamente intacta, del conocido como `faraón niño´, debido a su juventud”, explica Segado-Uceda.
Añade que, “a comienzos de 1923, durante la apertura de la cámara mortuoria, Carter y Carnarvon descubrieron, iluminándose con una vela, `cosas maravillosas´ (una frase que se ha hecho famosa) en el interior de la tumba de Tutankamón”.
“En aquel instante todavía no eran conscientes del enorme descubrimiento que habían realizado, ni sospechaban los extraños y macabros acontecimientos en los que la expedición se iba a ver envuelta”, señala el historiador jienense.
“Los sucesos que muchos comenzaron a relacionar con la llamada `maldición del faraón´ no tardarían en producirse”, prosigue.
El escorpión y la cobra
“Carter sufrió la picadura de un escorpión el día anterior a la apertura de la tumba. Además, el mismo día en que descubrió el primer escalón que bajaba hasta el enterramiento, una cobra (símbolo protector de muchos faraones) se comió al canario que el egiptólogo tenía como mascota y al que le tenía un especial afecto, en la casa donde se hospedaba”, explica.
Ese suceso fue publicado por la prensa de la época. De igual modo, el diario New York World, hizo referencia a un antiguo y presunto documento árabe en el que se recogía la existencia de una “maldición de los faraones”, una condena que recaería sobre los miembros de la expedición por profanar la tumba y los enseres del faraón.
“La muerte extenderá sus alas sobre todo aquel que se atreva a entrar en la tumba sellada de un faraón”, rezaba ese documento, que al parecer estaba en poder de la escritora Marie Corelli, según Segado-Uceda.
“Siete semanas después de la apertura de la cámara mortuoria de Tutankamón, poco después de publicarse la historia del documento de Corelli, Lord Carnarvon moría. Fue en abril de 1923, a los 57 años de edad”, relata el autor.
De acuerdo a la investigación de Segado-Uceda, Carnarvon sufrió una grave infección (septicemia), que se extendió rápidamente por todo su cuerpo, ocasionándole una neumonía que le causó una muerte agónica, entre delirios, repitiendo la frase “He escuchado su llamada. Y le sigo”, según cuentan.
“Se afirma que la misma noche que Carnarvon falleció, su perra Susie murió en su casa de Londres, aullando de modo lastimero”, según narra el autor de ‘Tumbas Misteriosas’.
“Lo cierto es que Carnarvon tenía una salud pulmonar delicada y por eso se habría trasladado a Egipto, ya que el clima seco del país del Nilo le resultaba beneficioso”, según este experto.
Sea como fuere, a partir de su fallecimiento la prensa comenzó a hablar de la “maldición de Tutankamón”, y a divulgar una supuesta inscripción hallada por Carter al abrir la tumba, que decía “la muerte golpeará con sus alas a aquel que turbe el reposo del faraón”, y que el propio egiptólogo habría ocultado o destruido, para evitar que cundiera el pánico entre su equipo.