Otra vez se sienten vientos de guerra entre la Federación Rusa de Vladimir Putin y el Occidente. La reunión en Ginebra entre el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, y el ministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa, Sergei Lavrov, no ha tenido mucho éxito. Más han sido las palabras que el resultado. El líder ruso en estos tiempos está logrando fraccionar el frente occidental, tratando de dividir a los europeos que dependen de su gas siberiano, y esto desde que adoptó una línea expansionista.
Vladimir Putin tiene 100 mil soldados, o tal vez más, en la frontera de un país independiente como es Ucrania y, por ahora, proclama no tiener ninguna intención de atacarlo. Al contrario, dice que es amenazado por los países occidentales, sabiendo muy bien que la OTAN no tiene motivo de atacar a la Federación Rusa.
Está exigiendo al Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que le ponga por escrito que ningún otro país de la ex Unión Soviética, de modo especial Rumania y Bulgaria, entren en la Alianza Atlántica y que esta alianza se retire de facto de los países que estuvieron sujetos a Moscú, como ha especificado el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergei Lavrov. Naturalmente, los Estados Unidos y los países de la Unión Europea no podrán aceptar esta imposición.
La crisis actual radica en el aumento de la agresividad del Kremlin a niveles de “Guerra Fría”. Evidentemente molesto por algunos opositores políticos de su país, Putin se dedica a liquidarlos, como está haciendo con lo poco que queda de la falsa democracia rusa. Ahora está dirigiendo su mirada al eximperio soviético. Consciente del desplome de su popularidad, espera recuperarla estimulando el sentimiento imperial del pueblo ruso. Y como cree que tanto los EEUU como Europa manifiestan debilidad política, quiere actuar para lograr su sueño imperialista. Quiere pasar a la historia como el hombre que reconstruyó el Imperio de Moscú partiendo de la exURSS hasta recrear la hegemonia sobre Europa del Este.
Putin proporciona justificaciones históricas cuando dice que mil años atrás rusos, ucranianos y bielorrusos eran un solo pueblo y que nada ha cambiado desde entonces. De verdad son realidades antihistóricas porque no se tiene en cuenta la voluntad de los pueblos, claramente manifestada en referéndums y votos populares, como se han expresado en Ucrania y Bielorrusia. Aquí se destaca la diferencia fundamental entre los pueblos occidentales y las ambiciones imperiales de Moscú; la primera se basa en las deliberaciones parlamentarias de los elegidos democráticamente y la segunda, únicamente en la fuerza antidemócrata.
Esta crisis está consiguiendo que países como los Estados Unidos e Inglaterra comiencen a preocuparse enviando ayuda militar a Ucrania. Servicios de inteligencia occidental tienen también la sospecha de que el Kremlin esté estudiando instalar un gobierno “títere” en Ucrania y se ha identificado quién sería el hombre que encabezará el Ejecutivo fiel a Moscú. Se trata de un exdiputado ucraniano.
Sacrificar la libertad de un pueblo sirve solo para sentar las bases de crisis mucho más graves.
* Es corresponsal en Italia.