El 31 de octubre de 1995, el Gobierno boliviano promulgaba la entonces nueva Ley del Banco Central de Bolivia (BCB) que en su artículo 81 creaba una fundación cultural cuyo propósito era “mantener, proteger, conservar, promocionar y administrar los repositorios nacionales” del país.
Tres repositorios fueron la base para esa creación: la Casa de Moneda, de Potosí; la Casa de la Libertad y el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB), ambos con sede en Sucre. Por decisión política del gobierno de entonces, se decidió incorporar también al Museo de Etnografía y Folklore (Musef), cuya orientación es más antropológica que histórica, motivo por el que hubo debate en ese momento.
El debate se concentró en los círculos de intelectuales, especialmente los historiadores del momento. Después de todo, el repositorio potosino y los dos chuquisaqueños eran, y son, fuente importante para la investigación historiográfica. Con ese argumento, no se justificaba la incorporación del Musef a la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB). ¿Por qué, entonces, lo incluyeron? El gobierno, el primero de Gonzalo Sánchez de Lozada, era centralista y necesitaba que la FCBCB también esté en La Paz, para un control directo no solo del BCB sino del propio Poder Ejecutivo. La propuesta de los historiadores era otra: la sede debía ser Sucre porque allí están dos de los tres más importantes repositorios de Bolivia.
A partir de ahí se notó la intención de los políticos de manejar la fundación. No obstante, el nombramiento de ilustres personalidades como miembros del Consejo de Administración —la ley decía que debían ser “de reconocido prestigio en el ámbito cultural e histórico”— posibilitó que el manejo de la FC-BCB se mantenga al margen de los intereses partidarios. Gracias a eso, los repositorios no fueron penetrados por la política.
El centralismo paceño se consolidó en mayo de 2002, cuando mediante la Ley 2389 se decidió que el Museo Nacional de Arte (MNA), de la sede del Gobierno, pase también a tuición de la FCBCB. Esto último ya no fue objetado porque ese repositorio posee piezas históricas que ayudan a entender mejor el pasado boliviano. Con el paso del tiempo, y gracias al avance de la antropología y la etnohistoria, también llegó a justificarse la incorporación del Musef que ahora tiene subsede en Sucre.
Las cosas cambiaron, pero, con el advenimiento del gobierno de Evo Morales, la FCBCB se politizó como nunca antes en su historia. Las decisiones ya no fueron simplemente para justificar el centralismo paceño, entonces más secante que nunca, sino, también, para la reproducción del discurso gubernamental con claro contenido ideológico. Se incorporó el concepto de la “revolución cultural” al punto de que se abrió un centro para ese fin, bajo dependencia de la fundación.
Como la intención era influir en la memoria colectiva, se plantea, incluso, el cambio de guion museográfico y el principal objetivo para tal fin fue la Casa de Moneda a la que se consideró, falsa e injustamente, “la máxima expresión del colonialismo”.
Y mientras los cambios políticos llegaban, incluso, a la normativa de la fundación, muchos de los cargos servían para repartirlos entre gente vinculada al régimen o a título de “favores especiales”, como fueron los casos de los nombramientos de la suegra de Álvaro García Linera en el MNA.
A todo esto, en Sucre se inaugura una monumental obra, el centro cultural La Sombrerería, cuya administración, tras varias turbulencias políticas y burocráticas, pasaría —sabiamente— a manos de la FCBCB. Pero, para sorpresa —o no tanto— de muchos, hace unos días el gobierno de Luis Arce determinó por decreto que La Sombrerería vuelva a la rígida estructura del Órgano Ejecutivo, concretamente, bajo tuición del Ministerio de Culturas.
La composición anterior del Consejo de Administración de la FCBCB tenía a personajes notables de la cultura nacional; además, ellos representaban a varias regiones del país. Por razones políticas, fueron cambiados y no todos sus reemplazantes —que por supuesto son afines al gobierno de turno— dan la talla. Como han asumido hace no mucho, hay que darles el beneficio de la duda; tienen la oportunidad de que sus actos estén enmarcados en un pensamiento más amplio y no mezquino, casi enteramente ideológico, como el que ha guiado ya a la FCBCB durante los gobiernos de Evo Morales.