Un país “primitivo”: la palabra se repite varias veces en No sin mi hija (Not Without My Daughter, 1991, director Brian Gilbert), la primera gran producción de Hollywood que —una década después del trauma de la crisis de los rehenes estadounidenses en Teherán— puso sobre el tapete el horror del Irán posterior a la revolución islámica (1979).Madre de una pequeña que está por cumplir los 5 años de edad, Betty (la actriz Sally... + Leer noticia completa
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