Hay quienes creen que las ganas son una alarma contra incendios: suenan y hay que correr. Como si el departamento inferior tuviera sirena propia y la única conducta fuera obedecer sin chistar. Pero confundir ganas con urgencia es uno de los errores más infantiles del erotismo contemporáneo. Ganas es deseo; urgencia es ansiedad. Y no son equivalentes, aunque a muchos les tranquilice fingir que sí.El sujeto moderno –eficiente para responder... + Leer noticia completa
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