Dicen que Miguel Ángel, al terminar el Moisés, golpeó suavemente su rodilla y exclamó: “¡Habla!”. No era arrogancia; era la conmoción de haber llevado el mármol hasta el límite de lo humano. La escultura parecía contener respiración. Ese instante no fue técnico. Fue emocional.Cinco siglos después, una inteligencia artificial puede producir en segundos una imagen del Moisés, reinterpretarlo en mil estilos, iluminarlo con... + Leer noticia completa
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