La idea se repetía como una maldición. Ser Paul McCartney, en los primeros años setenta, era ser poco cool. Se le miraba como un músico conservador, familiar y soso. Si John Lennon encabezaba la contracultura neoyorquina y acumulaba elogios por Imagine, a McCartney le caían las críticas. “Probablemente se hablaba más de McCartney porque había decepcionado a mucha gente”, se detalla en Man on the Run, el reciente estreno de la... + Leer noticia completa
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