Cada febrero llueve en Arequipa. No es una sorpresa. Lo que sí debería alarmarnos es que, año tras año, las consecuencias sigan siendo las mismas: inundaciones, colapso urbano y pérdidas humanas que pudieron evitarse. La lluvia no es la tragedia. La verdadera tragedia es nuestra limitada capacidad para gestionar el territorio y prevenir el riesgo.Las precipitaciones registradas este año forman parte del periodo húmedo andino. No estamos... + Leer noticia completa
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