Maggie Gyllenhaal se había ganado un poco de prestigio como cineasta y quería hacer algo grande. Algo épico. Algo honesto. Algo que no solo tocara la fibra sensible, como había hecho con su primera película, una adaptación de “La hija perdida”, de Elena Ferrante, sino que la hiciera estallar. Quería que hubiera sangre por toda la sala, tanto en sentido figurado como, en el caso de su nueva película “¡La novia!”, estreno de esta... + Leer noticia completa
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