Ese cara a cara entre los dos hombres y esos ojos observando la profundidad del alma del otro fue todo un símbolo de la relación que Tomás Etcheverry construyó junto a su entrenador Walter Grinóvero y que claramente excede lo profesional. Esa escena significó bastante más que una mirada. Fue un desahogo y fue un premio esperado para los dos pero también fue “un sueño hecho realidad” como el propio tenista afirmó en sus primeras... + Leer noticia completa
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