Durante más de medio siglo, las muestras lunares traídas por las misiones Apolo de la NASA guardaron un enigma silencioso. En el polvo gris del regolito aparecieron rastros de agua, dióxido de carbono, helio y nitrógeno, sustancias inesperadas en un cuerpo sin atmósfera ni actividad geológica relevante. La explicación dominante apuntó durante décadas al Sol, cuyo viento de partículas cargadas parecía la fuente más lógica. Sin... + Leer noticia completa
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