“Vuélvanse a Mí para que se salven, desde cualquier parte del mundo, pues ¡Yo soy Dios y no tengo otro igual!” (Isaías 45,22). Siempre hay quienes quieren ver en todo grave infortunio el inminente fin del mundo, algo que solo conoce el Padre (Mateo 24,36). Yo solo diré que para mí cada uno de esos acontecimientos es un llamado a ser humildes y volvernos a Dios.
El escándalo de la farándula con el rapero P. Diddy, que supera con creces al de Harvey Weinstein, rodeado de un ensordecedor silencio de parte de los artistas y políticos sacude la credibilidad de la justicia humana, aún más porque en este escándalo sí se ha resaltado la presencia de rituales satánicos.
El paso del huracán Milton, toda la devastación previa, y las cadenas de oración que han circulado para pedir a Dios que ayude a que su impacto se minimice, nos hacen ver la fragilidad del hombre ante la naturaleza. Aunado a esto, se están viendo reportes de rarezas climáticas como inundaciones en el desierto de Sahara (!).
Las guerras actuales. Bien sabemos que las de Rusia y Ucraina, la de Israel contra Hamás, son las más noticiosas, pero hay otras guerras, especialmente en países africanos, que no están teniendo cobertura mediática y, por tanto, no existen para el mundo.
La inutilidad o inacción de estructuras como la ONU, que parecen servir nada más para imponer agendas aberrantes que van contra la misma naturaleza humana.
Le sigue a todo esto la constante contaminación, pues a fin de cuentas, y por mencionar un caso, no siguió siendo mediática la decisión del gobierno japonés de verter los fluidos radioactivos de su planta nucler de Fukushima al mar porque era la opción “menos peligrosa” en su propagación. Las naciones comunistas son contaminantes sin ninguna regulación y eso se calla tanto en sus medios como en los supuestamente libres.
Y puedo seguir mencionando hechos, incluso es más probable que ustedes conozcan algunos que no menciono. El punto es que, ante cada desgracia, ante cada sacudida, el llamado de Dios sigue siendo a volvernos a Él con humildad: “Ea, pues; vuélvanse cada cual de su mal camino y mejoren su conducta y acciones” (Jeremías 18,11b, Malaquías 3,7; Zacarías 1,3).
Lo más importante es que esto no es solo un simple llamado, es que Dios nos ama tanto que siempre ha acompañado sus exhortaciones con promesas:
“Desgarren su corazón y no sus vestidos, vuelvan a Yahveh su Dios, porque Él es clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia.
´Yo los compensaré de los años en que los devoraron la langosta y el pulgón, el saltón y la oruga, mi gran ejército, que contra ustedes envié´. (Religioso y periodista)
Comerán en abundancia hasta hartarse, y alabarán el nombre de Yahveh su Dios, que hizo con ustedes maravillas. (¡Mi pueblo no será confundido jamás!)” (Joel 2:13,25-26). En Él está la respuesta, volvamos a Él, Dios con nosotros.