Se la recordó durante mucho tiempo como una jornada histórica, trascendental para Argentina y Chile aquella jornada del 1 de marzo de 1965. Una muralla de piedra poderosa, llena de energía, desafecto y nieve nos había separado desde siempre. Pero desde ese día, San Juan y Coquimbo se daban la mano naturalmente, con lágrimas de hombres recios y para la eternidad.

Cómo sería de dilatado el deseo de comunicarse de argentinos y chilenos por esas huellas, que ya en 1575, apenas trece años después de la Fundación de San Juan, se registran antecedentes de esta intención de abrir caminos. Fue ese año cuando un vecino de San Juan, Gaspar Zárate, en representación del Cabildo local, envió al rey Felipe II el pedido de construcción de un camino que uniera San Juan con La Serena.

Tras esa solicitud, la más antigua, se sucedieron otras con los años, como la del siglo XIX cuando se pensó en un tren que uniera ambos países. Y ya en 1933 se habló de un túnel en la zona, como el actual proyecto todavía en discusión. Es que era ni más ni menos que el gran símbolo de integración entre Argentina y Chile, entre San Juan y Coquimbo. Y no pasaría mucho tiempo cuando en 1947, bajo la gobernación de Ruperto Godoy, se inauguraron obras del camino a Chile, pero en Jáchal.

A ese camino se le llamó “Juan Perón”, entonces presidente de la República. Y sumadas a toda esta información histórica están las numerosas comisiones que se formaron entre principios del siglo XX y lo que va del XXI para concretar ahora el túnel, discutiéndose entre otros argumentos si hacerlo por Agua Negra o por el Castaño.

Integración y vía comercial
El Paso de Agua Negra, desde 1965 cuando fue inaugurado como tal, tuvo como meta principal la integración argentino-chilena, y tambien, naturalmente, concretar el objetivo de convertirse en una vía comercial y no solo de intercambio turístico. Volviendo atrás, puede advertirse en diarios del año 1933 el proyecto cantonista por el camino de Agua Negra, cuando el “Tribuna” publicaba: “Ahora el señor Federico Cantoni amenaza con otro proyecto: la construcción de un camino que uniría a San Juan con la provincia chilena de Coquimbo”.

El gobernador Cantoni fue quien construyó el camino a Calingasta y ya en ese periodo, Vialidad Provincial, realizó el proyecto para continuar esta traza hasta Chile, por el Castaño. Así fue que, en 1934, el caudillo bloquista inició la obra abriendo una huella en la baja montaña, llegado a construir unos 80 kilómetros hacia el límite. Pero llegaron las intervenciones y volvieron a detenerse los planes. Hasta que en otro gobierno bloquista, el primero de Leopoldo Bravo (1963-1966), se logra inaugurar el tan anhelado camino entre San Juan y Coquimbo por Agua Negra, quedando el soñado túnel para seguir discutiendo y proyectando hasta la actualidad.

El camino inaugurado “simboliza el progreso y lo inevitable de ese futuro de hermandad total para los pueblos americanos”

La inauguración
Aquel día de hacen hoy 60 años, el 1 de marzo de 1965, ya arribadas las autoridades a Iglesia para la inauguración, fue el propio gobernador Bravo, a la sazón de 46 años de edad, quien condujo el automóvil hasta el lugar del acto para llevar al vicepresidente de la Nación, Carlos Humberto Perette y al ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Miguel Ángel Zavala Ortiz.

En el acto estuvieron también el diputado Dr. Federico Bravo, el ministro de Obras Públicas, Ing. Hugo Montes Romaní, el Director Provincial de Vialidad, Ing. Miguel Y. Carmona; el futuro arzobispo y a la sazón Obispo Auxiliar de la Diócesis de San Juan de Cuyo, monseñor Idelfonso María Sansierra; las autoridades chilenas encabezadas por el intendente de Coquimbo, Eduardo Sepúlveda, y el Prefecto de Carabineros Javier Provoste Sáez, junto a invitados especiales y más de 500 personas que aguardaban en el lugar desde antes del mediodía.

Y así observó DIARIO DE CUYO aquellas horas históricas: “Sobre la cordillera que cruzó Cabot en la liberación de Coquimbo y La Serena, se concreta la salida al mar, esperada durante cuatro siglos. No se trata de una huella transitable, ni siquiera de un camino rural en más o menos en buen estado. Es una ruta, que ofrece, por sus características, innumerables ventajas con respecto a los otros pasos que unen nuestro país con Chile”.

Más adelante el diario subraya que el camino inaugurado “simboliza el progreso y lo inevitable de ese futuro de hermandad total para los pueblos americanos”, cerrando con sentidas frases como éstas: “El viento azotaba los rostros, obligando a entrecerrar los ojos. El frío era intenso, pese a que el sol se notaba más próximo y sus rayos derretían los penitentes. Allí está la cima. Allí está el límite. Emoción en el corazón y un nudo en la garganta”.

Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista